Presidenta: necesitamos una política forestal
Por Flavia Liberona*
Pensar
en el sector forestal chileno en forma seria y responsable, pensar en
política forestal, significa hacer un análisis que integre la
biodiversidad, el agua, el suelo y que incorpore una visión sobre una
gran cantidad de actividades que se desarrollan en Chile asociadas a
las plantaciones y los bosques. Significa también observar y analizar
las relaciones que existen entre distintos sectores económicos y dentro
del propio sector forestal, con el objetivo de diseñar una adecuada
política que, por una parte permita desarrollar actividades económicas
tradicionales y, por otra, generar acciones de protección y
conservación de los bosques y la biodiversidad en su conjunto, así como
también de los suelos, las aguas e incorporar la dimensión de los
efectos del cambio climático, generando acciones concretas. Sin
embargo, considerando nuestra realidad nacional, pareciera que esto es
casi pedir lo imposible.
Para
empezar, no contamos con una institucionalidad pública lo
suficientemente fuerte al interior del aparato estatal que sea capaz de
diseñar e implementar una política que de cuenta de las necesidades
actuales del sector forestal. Es de sobra conocido el cuestionamiento
que hizo el Tribunal Constitucional a la CONAF al aprobar la Ley de
Bosque, cuestión que entregó a la presidenta Bachelet la urgente misión
de desarrollar en el corto plazo una institución pública que se haga
cargo del sector forestal. Por otra parte, son también de público
conocimiento las conclusiones y recomendaciones que realizara la OCDE
en su informe de Desempeño Ambiental de Chile. Sin embargo, se han
registrado pocos avances en esta materia.
Por
lo que hemos visto en los últimos meses, la Presidenta tiene una escasa
comprensión del tema forestal; no considera que seguir fomentando
plantaciones forestales, con el pretexto de generar empleo, puede
significar un desastre ecológico de proporciones. ¿Se imaginan lo que
significaría para Chile contar con un millón de hectáreas más de
plantaciones exóticas entre las regiones VI y X? Esto equivale a
sembrar un desierto verde: monocultivos invadiendo amplios terrenos,
utilizando el agua y generando escasez de este vital elemento, aumento
de la contaminación por uso de agroquímicos, disminución de la
biodiversidad, erosión de suelos cuando se apliquen técnicas de tala
rasa. Sin duda, la presidenta no ha pensado en esto, ni tampoco en el
cambio climático y en la importancia de proteger cuencas, cuando otorgó
el beneficio al sector forestal basado en plantaciones exóticas.
El
fantasma del desempleo es algo que asusta, y la Presidenta ha sido
fuertemente sensibilizada por una industria que durante años ha crecido
y se ha consolidado a costa de las bonificaciones que ha entregado el
Estado. La industria forestal ha generado ganancias económicas para
grandes empresas, pero su accionar no ha demostrado preocupación por el
país. A modo de ejemplo, basta revisar dónde se ubican las comunas más
pobres de Chile, o qué ha pasado con la protección y conservación de la
biodiversidad y recursos naturales en una zona que fuera una de las más
ricas del país, con altos niveles de endemismo, como es la región del
Bío Bío. La crisis financiera parece ser la excusa perfecta para que
nuevamente el sector empresarial chileno, ese que se ha consolidado a
costa de las bonificaciones del DL 701 que le ha entregado el Estado y
que provienen de los recursos que aportamos todos los chilenos, una vez
más sea socorrido por el Estado.
No
debemos olvidar que desde el año 1974 a la fecha las plantaciones
forestales han sido beneficiadas a través del DL 701, lo que ha
derivado en un enorme aumento de la superficie forestada con
plantaciones exóticas, las que hoy superan los 2,2 millones de
hectáreas. Esta legislación ha operado por más de 30 años, y ha
permitido el desarrollo de un sector forestal que ha reportado enormes
ganancias, pese a lo cual la calidad del empleo no ha mejorado, y sigue
siendo bastante precaria. Es más, no existe una evaluación pública por
parte del Estado de los impactos sociales y ambientales que ha generado
la aplicación del DL 701, y la ciudadanía desconoce a cuanto asciende
esta bonificación.
Las
empresas del sector han crecido y una bonificación al sector forestal
que partió beneficiando a propietarios de diverso tamaño, con los años
ha permitido la concentración de la propiedad básicamente en manos de
dos grandes conglomerados. No parece prudente seguir entregando
beneficios a este mismo sector, el que para el presente período
recibirá del orden de USD40 millones al año. Mejorar los subsidios a la
industria sólo da cuenta de una actitud desesperada y poco reflexiva
por parte del gobierno.
Por
otra parte, la Ley de Bosque Nativo 20.283, de reciente promulgación y
que comenzará a ser aplicada el presente año, es aún una normativa
legal muy joven para poder proyectar su impacto. Si pensamos en el
sector forestal y en una política forestal, es evidente que estamos en
deuda; sólo se puede hablar del impulso a las plantaciones exóticas.
Chile no cuenta con una política forestal explícita, y menos aún con
regulaciones que permitan ordenar el sector. Carecemos de una
legislación sobre suelos, sobre incendios, protección de la
biodiversidad, normativa sobre la extracción y utilización de leña como
combustible, etc. Es más, la Ley N° 19.300 y más específicamente el
SEIA, ha sido un instrumento incapaz de imponer adecuadas evaluaciones
ambientales en el sector forestal. Tal como se señala en las
conclusiones del informe de la OCDE, las empresas forestales eluden la
ley, las nuevas plantaciones forestales con especies exóticas no son
evaluadas ambientalmente, así como tampoco lo son las faenas de cosecha
a tala rasa, ya que la ley obliga la evaluación sólo de aquellas
superficies superiores a 500 hectáreas.
Por
esto, si bien nuestro país puede presentarse como desarrollado en el
ámbito forestal, en realidad este desarrollo está asociado a una
normativa débil, que deja espacio para el desarrollo únicamente del
sector productivo basado en especies exóticas y no aborda la temática
en su conjunto.
Todos
aquellos que de una u otra forma estamos ligados a los temas forestales
y ambientales, sabemos que este sector, tal como hoy se entiende en
Chile, está constituido por plantaciones exóticas en manos de grandes
conglomerados empresariales, y que se ha puesto muy poca atención al
bosque nativo, a los servicios ambientales que éste nos brinda, a la
protección de la biodiversidad, de los suelos, a la utilización de leña
como fuente energética, etc.
Es
muy decepcionante ver de qué manera las grandes empresas tienen un
acceso expedito a la Presidenta y logran su objetivo en breves
reuniones, mientras otros sectores hemos tenido que invertir infinitas
horas, recursos humanos y financieros para conseguir, sólo después de
16 años, la promulgación de una ley que tiene un fondo de sólo 8
millones de dólares.
Hoy
estamos en un punto crítico y la Presidenta debe saberlo. No basta con
"salvar empleos" en el corto plazo y beneficiar a las grandes empresas.
Es preciso entender lo que pasa en el territorio y generar acciones
sensatas y coordinadas que permitan proteger y conservar cursos de
agua, proteger suelos, aumentar las superficies de bosque nativo,
generar una legislación acorde con los tiempos que elimine la tala
rasa, que limite las superficies de plantación, que establezca
corredores biológicos y permita la protección y conservación de la
biodiversidad. Con urgencia necesitamos una política forestal
responsable y no un aporte financiero para un sector que hasta ahora no
ha demostrado responsabilidad social ni ambiental.
*Flavia Liberona es Directora Ejecutiva de Fundación Terram.